lunes, 13 de febrero de 2012

La explosión que viene






No hace ni cuarenta y ocho horas que el Parlamento Griego daba prácticamente 200 “ne sola” (sí a todo) a los ajustes impuestos por Alemania y asumidos como propios por el polit bureau griego. Al mismo tiempo que las duras medidas se votaban en la Cámara, Atenas ardía en fuego y rabia, al verse el pueblo despojado de su soberanía, su futuro, sus esperanzas.

El Plan de Ajuste (el segundo ya) supone para el pueblo heleno la expulsión de quince mil funcionarios (llevamos ciento cincuenta mil), la reducción de un 22% del salario mínimo y el cercenamiento de las pensiones, entre otras medidas. A todo ello hay que sumarle que decenas de miles de niños y jóvenes han quedado sin escolarización por el cierre de escuelas y que la pobreza se ha disparado, mientras se han rescatado bancos si ser esto puesto en duda.

La guerra social iluminó ayer la capital griega

Atenas ardió, y sigue ardiendo. Probablemente, arderá un buen rato. España, Madrid, Barcelona, siguen dormidas. La última reforma laboral desnuda en lo más íntimo a los trabajadores, que pueden ser echados a coste de saldo y se les arrebatan derechos y poder, al incapacitarles hasta el límite para negociar de igual a igual con el empresario. Los sueldos, por ejemplo, podrán bajarse sin negociar con los sindicatos. Incluso el despido improcedente, es decir el que como su propio nombre indica no procede, se abarata de 45 a 33 días.

La pobreza se ha disparado hasta cifras nunca
conocidas desde los primeros ajustes

También la justicia se nos marchita. El juez en el banquillo y los fascistas en la acusación. El señor Camps absuelto por el propio pueblo, que se ha corrompido hasta la desfachatez. La Audiencia Nacional cuidándose de investigar al señor Urdangarín, que se ha aprovechado de las prerrogativas medievales de la Familia Real Española. La desigualdad se ensancha también al obligar a pagar tasas para poder continuar un proceso en el sistema judicial, marginando a los más desfavorecidos. ¿Y la educación? Van a inyectarnos valores constitucionales poco respetuosos con las minorías, que nada dirá acerca del respeto y la diversidad.

La corrupción del sistema judicial desata
en España las nuevas protestas

España no puede, o no debe aguantar mucho más. Hay una rabia contenida que, probablemente, con el paso de las semanas y el acecho del hambre se desatará contra los que venden nuestra soberanía a los especuladores. Parece ser que, una vez vendida la democracia, no nos queda más que la fuerza y la sangre para reivindicar lo que es nuestro: nuestra dignidad. Porque los derechos se han conseguido siempre con sangre, y con sangre se han de mantener.

No habrá paz para los mercados. Tenemos las manos vacías, pero las manos son nuestras.

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